tándem
➡  Como estudiar 📆 2 diciembre 2021 ✍️  Anikó Couto Szalay

¿Alguna vez has oído hablar sobre el aprendizaje de idomas (o intercambio de idiomas) en tándem?

El concepto de «tándem» es muy simple. Para comenzar, necesitas encontrar a alguien que quiera hablar el idioma que tú sabes y que hable el idioma que quieres aprender. Por ejemplo, ¿eres francés y quieres aprender español? Encuentra a un nativo español que quiera aprender francés. Después podréis quedar para intercambiar idiomas en tándem y ayudaros mutuamente de manera gratuita.

Mi primera experiencia en tándem

La primera vez que escuché hablar sobre el aprendizaje de idiomas en tándem fue cuando estaba empezando aprender español. Mi profesor me dijo que buscara a alguien con quien pudiera practicar el hablar.

Él me dijo: «Hay un chico brasileño que habla español muy bien. Es políglota y quiere aprender húngaro. Deberías hablar con él, practicar español e intercambiar vuestras perspectivas como expatriados».

Parecía una idea genial. Yo soy húngara y vivía en Polonia, por lo que conocer a un compañero expatriado, quien probablemente experimentaba las mismas dificultades, me parecía algo bastante interesante. Sin embargo, nadie se esperaba la siguiente historia.

Las semanas fueron pasando y este chico brasileño, llamado Marlon, me dejó un mensaje a través de una red social. Él había escuchado hablar de mí a través del mismo profesor de español. Queríamos quedar pero no no encontrábamos una hora que nos viniera bien a los dos. Así que las semanas siguieron pasando. Un día, de repente, apareció frente al cine donde yo había quedado con unos amigos que aparentemente teníamos en común.

Nunca olvidaré la forma en la que me saludó, nos dimos la mano, sonrió y dijo: “Mérhetetlenül örvendek, hogy megismertelek.” Lo que en húngaro significa “Estoy inmensamente feliz de haberte conocido”.

Su pronunciación fue increíblemente buena. Por aquel entonces, yo solía dar clases de húngaro y le confesé que nunca antes había escuchado a ningún extranjero hablar húngaro con un acento tan claro.

Para empezar, decidimos reunirnos regularmente. Todos los jueves por la tarde nos reuníamos en mi cocina para hablar español durante una hora y húngaro durante otra. Pronto nos convertimos en compañeros de tándem. Pasaron los meses y nuestras clases se convirtieron en conversaciones íntimas sobre la familia, la nostalgia, la fe e incluso el dolor. Incluso compartimos nuestros poemas. En consecuencia, nos hicimos amigos.

Esto me lleva a decir que el «tándem» es una de las mejores formas de aprender idiomas.

Es un acto de dar y recibir, una forma de intercambiar idiomas a un nivel muy personal. Es más divertido cuando se enseñan mutuamente las lenguas maternas. De esta forma, te conviertes en representante de tu cultura y tu patria.

Ahora, aquí encontraras 8 (o incluso 9) ideas y sugerencias que he aprendido y que puedes tener en cuenta antes de unirte a la aventura de intercambiar idiomas:

1) Busca el efecto clic.

Busca un compañero con quien hagas clic. Deberías sentirte cómodo con la persona con la que estás pensando pasar un par de horas al mes. (Ese par de horas se pueden convertir en días, semanas e incluso años. Solo sigue leyendo…)

2) Acuerda que las lecciones sean gratuitas.

El tándem es una forma gratuita de aprender idiomas. Ambos os vais a beneficiar del tiempo que paséis juntos, así que no hay por qué hablar de dinero. Ya gastamos mucho dinero en libros de idiomas, por lo que es bueno reducir costes en la práctica.

3) Sé siempre puntual.

Si realizáis las clases de manera virtual y vivís en diferentes zonas horarias, acordad una hora que os venga bien a los dos. Añade tus citas a un calendario virtual y compártelo con tu compañero para evitar malentendidos. Si tienes suerte y podéis quedar en persona, ser puntual es cuestión de cortesía.

4) Si necesitas cancelar alguna clase, hazlo el día anterior.

Si sabes que por algún motivo no vas a poder acudir a la cita, aviso a tu compañero lo antes posible, no lo dejes para el último minuto.

5) Prepárate para la clase.

Escribe una lista de preguntas o un texto breve para revisarlo durante la clase. Recuerda que tú tienes que proporcionar la mitad del contenido de vuestro encuentro. Tu compañero no es tu profesor (y no tiene que ser un profesional), pero es experto en el idioma que te interesa. No os voy a mentir, Marlon era mucho más productivo que yo. Él solía llevar ensayos completos a nuestras reuniones mientras que yo me limitaba a responder preguntas básicas como, «¿Cómo ha ido tu día/semana?», ¿Qué has hecho en el trabajo?» o «¿Por qué odias tanto trabajar en una oficina?» Ya sabes, las cosas cotidianas del día a día.

6) Divide el tiempo de forma igualitaria.

Si existe una regla de oro para el tándem, entonces debe de ser:da tanto como recibes. Si equilibras bien el tiempo, obtendrás de la clase tanto como la otra persona. Podéis acordar hablar el idioma #1 durante la primera mitad de la clase y el idioma #2 durante la segunda mitad. Eso es lo que nosotros hicimos y funcionó de maravilla.

7) Encuentra un lugar en el que te sientas cómodo.

El tándem consiste en pasárselo bien. Invita virtualmente a tu casa a tu compañero. Si te sientes cómodo, enséñale tu casa – una imagen dice más que mil palabras. Además, es un buen tema para empezar la conversación. Marlon y yo solíamos tener las clases en mi cocina. Por lo que, naturalmente, las primeras palabras que aprendí de él fueron sobre utensilios de cocina. Después, me di cuenta de que no fue solo por el ambiente sino por su amor por la cocina…¡y por la comida en general!

8) Decir no está bien.

Si hay algo de las clases que no te guste, díselo amablemente. Tanto si está relacionado con la gestión del tiempo como con la manera en la que reacciona a los errores que cometes, necesitas decírselo. Sé considerado y muestra empatía durante la comunicación.

Recuerdo una vez en la que Marlon no quería terminar la clase a la hora acordada. Estábamos inmersos en la conversación pero, como yo había quedado con un chico turco, se me ocurrió una solución bastante peculiar. Le pedí a Marlon que me acompañara durante el trayecto al lugar donde había quedado. Tardamos unos treinta minutos en llegar al sitio, luego los dos chicos se saludaron y, por supuesto, Marlon mostró sus habilidades turcas. No recuerdo mucho de la cita pero sí recuerdo a Marlon haciendo una mueca graciosa al despedirse. ¡Hasta que no fuimos pareja no admitió lo increíblemente celoso que estuvo esa tarde! ¡Eh! Nunca se sabe…

(IDEA ADICIONAL) Cuidado con el riesgo de enamorarte.

¡Puede que tu compañero de tándem acabe siendo tu compañero de vida! Mi experiencia personal me permite decirlo…lo que me lleva al resto de nuestra historia:

Marlon y yo nos conocimos por primera vez en Septiembre, pero no fue hasta mayo cuando nos convertimos en pareja. En abril, Marlon me preguntó si podía venir conmigo a Hungría durante un tiempo para practicar su húngaro. La pregunta me sorprendió un poco pero, como estaba planeando visitar a mi familia el mes siguiente, me resultó natural ofrecerle que me acompañara. No hace falta decir que a mi familia le cogió por sorpresa, pero yo insistí en que solo era un amigo. Cuando fuimos a Hungría, básicamente le presenté a todo el mundo. Pasamos nuestros días igual que esas tardes de jueves en mi cocina: hablando más y más en nuestros idiomas favoritos.

Cuando volvimos a casa (a Polonia), yo ya sabía que él era el indicado para mí. Después de que regresáramos, todo se aceleró un poco pero continuamos manteniendo las clases de tándem los jueves por la tarde. Durante la siguiente clase me preguntó a ver si sabía de algún piso para alquilar ya que él estaba buscando uno. Le invité a mudarse conmigo.

Un par de meses después visitamos Hungría de nuevo. Recuerdo estar sentada al lado suyo en una cafetería. El camarero nos sirvió un refresco de jengibre, algo que Marlon quería probar desde hace un tiempo. Marlon me preguntó a ver qué era eso. Le dije «es un refresco húngaro de jengibre, sé que quieres probarlo» a lo que él respondió «Oh Dios, eres muy amable, ¿te casarías conmigo?» Los refrescos pueden ser muy útiles, ¡ya sabes!

Si echo la vista atrás a esos días, creo que me gustó tanto el rollo políglota que deseaba poder vivir así durante el resto de nuestras vidas. Mi deseo se hizo realidad porque, de forma lenta pero segura, nuestra vida terminó convirtiéndose en una constante clase de intercambio de idiomas.

Desde que nació nuestro hijo, seguimos el método OPOL (conocido como «una persona un idioma»). Marlon le enseña portugués a Benjamin, yo solo le hablo en húngaro y nuestra niñera úicamente se comunica con él en polaco.

Ahora necesito terminar de escribir este post por razones familiares: nuestro hijo de tres años me está interrumpiendo, ¡quien también será políglota!

Si estás pensando en tener clases mediante el tándem, simplemente hazlo y déjate llevar. Pero, ¡prepárate para la posibilidad de que tu vida se ponga patas arriba!

Anikó Couto Szalay

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